El cielo es un mito para los villanos y para ti que miras y descoses cada botón de mi camisa con la única costumbre que te ayuda a imaginar otros mundos lejos del infierno. Y sé que lees a Carlos Bousoño, que te emocionas con Charles Aznavour y que frecuentas carteleras de cine independiente, pero eso no te justifica, al igual que ensalzar la desobediencia con la burla cómplice de tus poemas. Si no fuera porque las editoriales ya no creen en tu poesía infanticida, sería cómplice de tus abrazos, pondría un piso a tu nombre y comenzaría a escribir en la soledad más oscura, a no ser que tú, que dominas el ritmo y el alcance de la ruina volvieras con un ramo de rosas e hicieras un argumento nuevo donde malgastar, de una manera justa, el poco tiempo que nos queda. Por ahora, sabiendo que nadie nos ve desnudos, bastará con hacer penitencia sobre la esclavitud del tiempo y de la espera, sobre el placer de vivir con lo puesto e imaginar una selección de poemas: Valente, Panero o Antonio Colina...